Dos amigos, juventud, ignorancia y divinos tesoros... estos sencillos ingredientes se funden a fuego lento en un modesto ensayo literario a dos bandas a modo de palas de cal y de arena (o de sal y azúcar, siguiendo la analogía culinaria). Relatos de una Noche de Invierno es una recopilación de vivencias desde un punto de vista único, que son dos, al más puro estilo improvisación. Quizá no encuentre verdades fundamentales en estas líneas, o quizá encuentre la senda del unicornio, quizá simplemente se entretenga leyendo un rato, pero, seguramente, y sólo quizá, se dé cuenta usted que en el fondo de nuestro saco de piel, todos somos un poquito iguales y todos tenemos ciertas necesidades, entre ellas la de hacernos preguntas. Sólo entonces comprenderá que son estas preguntas las que nos acompañan cuales maletas, viejas o nuevas, a lo largo del gran viaje que es nuestra vida. Algunas se llenarán con respuestas y conocimiento, aterrador y hermoso, otras se irán vaciando a medida que dejamos de saber o nos desprendemos de bultos. Mas lo importante, al final del camino, es haber usado tantas maletas como nos haya sido posible, porque es lo único que acreditará en nuestra aduana que hemos hecho el viaje de nuestras vidas.

Pasen y vean, la cocina está lista y el horno a punto...


17.-Un Rayo de Luz. Mi Confidente


UN RAYO DE LUZ



“En ocasiones las palabras para animar a un amigo desconsolado son inútiles, pero sin embargo, una lágrima de los ojos de la persona que te está ayudando te dicen muchas más cosas que las palabras son incapaces de transmitirte.”


Cuando ya lo creías todo perdido, cuando ya no podías encontrar la solución a nada y seguías triste, cuando el aliento te ha faltado hasta tal punto de estar a punto de ahogarte y de terminar fatigado, lo único que deseas es que te pase algo bueno, algo diferente, una especie de pequeño milagro...

Me levanté y miré por la ventanilla aquel paisaje lleno de blancura que se extendía hasta donde mis ojos no podían llegar. Una capa uniforme cubría todos los campos a los dos lados de la vía. La nieve era un manto sobre el que se imprimían todo tipo de huellas, tanto de hombres, animales y árboles relatando la vida de aquellas tierras. El frío helaba mis manos calientes cuando tocaban el cristal y mi calor hacía que se empañara con la forma de mis manos.

El futuro era incierto, nadie podría prever lo que ocurriría allí, en mi destino, ni el fantástico Sherlock podría haberlo hecho. Mi alma en esos momentos poseía cierto carácter de nerviosismo, de inquietud, de malestar. En cuanto pisé el suelo verde de aquel sitio mi corazón estalló en un continuo vaivén frenético, incluso a veces deseando no estar allí. Cómo me equivocaba, qué poco confiaba en el futuro...

Compararé este momento de mi vida con una búsqueda. Históricamente a la pirita se le ha llamado “el oro de los tontos”. La pirita es un mineral relativamente abundante y de color dorado y muy brillante. La gente antiguamente lo confundía con oro, de ahí que se le pusiera ese nombre. Este mineral es un sulfuro de hierro que no tiene mucho valor, sin embargo lo que la gente buscaba era oro. Pues amigos, yo he hecho un viaje para buscar pirita, y cuando me he dado cuenta, resulta que lo que tenía en las manos era ORO, y además de muchos quilates. Obviamente esto es una metáfora, si hubiera encontrado oro, ahora estaría escribiendo este capítulo desde el Caribe. En realidad el que ha hecho el hallazgo ha sido mi corazón. Me podría haber hecho ilusiones creyendo que tenía oro, y al valorarlo me dirían que era un simple sulfuro de hierro, pero es que lo que he encontrado ha sido oro, y sé cuánto vale lo que he encontrado.

Ese oro es una persona, una persona que me ha demostrado muchas cosas y ha estado a mi lado desde que me conoció. Ha sabido apreciarme aun cuando yo no lo he hecho ni conmigo mismo y se ha preocupado por mí mucho más de lo que yo me he preocupado por mí mismo. He tenido el oro brillando delante de mis ojos y los he tenido cerrados sin poder verlo. No hay persona más ciega que la que no quiere ver. Hoy mismo se lo he dicho, le he dicho que la quiero un montón y que siento mucho no poder haber apreciado lo que me ha estado dando durante todo este tiempo. He sido un tonto, pero más vale tarde que nunca.

Ella ha aparecido en un momento de mi vida que no creía en casi nada, ni en la amistad, y ella sin pedirme nada a cambio me ha dado muchísimas cosas, cuando yo creía que eso era imposible que pasara. Me he sentido querido, y fue en una comida tranquilamente hablando cuando me di cuenta de todo lo que ella sentía. Me di cuenta de que un gesto puede decirte y expresarte muchas más cosas que muchas palabras cuando te intentan consolar. Era lo que necesitaba, en ese momento me di cuenta de lo que tenía delante, y cuando por fin lo entendí lo único que pude hacer fue sonreír, sonreír como un tonto.

Han pasado cosas muy interesantes en muy poco tiempo y muy buenas, cosa que no esperaba. Ahora mismo me siento muy bien con lo que he encontrado en mi viaje. Aun así me resulta muy complicado expresarlo con palabras, tan sólo la persona a la que va dirigida este capítulo sabrá todo a lo que me refiero y con eso me basta. A veces las palabras tienen pocos destinatarios, no siempre. Siento mucho que este capítulo no sea muy inteligible o racional, pero no he podido hacer otra cosa. Algunas cosas no se pueden decir con palabras.

Nunca olvidaré aquel abrazo que te di por la tarde, después que me hicieras aquella pregunta en la comida. Significas mucho para mí, siempre tendrás un hueco muy grande en mi corazón.

«Y sobre un mar de confusión salen a flote algunos errores y faltas. He caminado mucho y me encuentro cansado, pero tranquilo. Tan sólo quiero darte las gracias, que disculpes mi larga tardanza. Amiga Risa, hermana Nostalgia, madre Alegría, dulce Esperanza, ahora que el viaje termina, me invade la calma ».

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