Dos amigos, juventud, ignorancia y divinos tesoros... estos sencillos ingredientes se funden a fuego lento en un modesto ensayo literario a dos bandas a modo de palas de cal y de arena (o de sal y azúcar, siguiendo la analogía culinaria). Relatos de una Noche de Invierno es una recopilación de vivencias desde un punto de vista único, que son dos, al más puro estilo improvisación. Quizá no encuentre verdades fundamentales en estas líneas, o quizá encuentre la senda del unicornio, quizá simplemente se entretenga leyendo un rato, pero, seguramente, y sólo quizá, se dé cuenta usted que en el fondo de nuestro saco de piel, todos somos un poquito iguales y todos tenemos ciertas necesidades, entre ellas la de hacernos preguntas. Sólo entonces comprenderá que son estas preguntas las que nos acompañan cuales maletas, viejas o nuevas, a lo largo del gran viaje que es nuestra vida. Algunas se llenarán con respuestas y conocimiento, aterrador y hermoso, otras se irán vaciando a medida que dejamos de saber o nos desprendemos de bultos. Mas lo importante, al final del camino, es haber usado tantas maletas como nos haya sido posible, porque es lo único que acreditará en nuestra aduana que hemos hecho el viaje de nuestras vidas.

Pasen y vean, la cocina está lista y el horno a punto...


5.-Confesiones a una Madre


CONFESIONES A UNA MADRE

Es mejor haber vivido algo y haberlo perdido, que morir sin saber lo que podía haber sido. Esta frase que parece tan profunda o tan trivial esconde una gran inquietud existencial en todo ser humano. Como un amigo mío más experimentado que yo me dijo hace poco, no debemos cerrarnos a nada, ni a la vida extraterrestre (que por supuesto, existe, aunque sea tema para otros capítulos mucho más emocionantes), lo cual impide que en un futuro lejano, o no tanto, nos pongamos en posición de preguntarnos si la vida sería mejor o peor si hubiésemos hecho esto o aquello o si por el contrario hubiéramos dejado de hacer ciertas cosas. Lo mejor es tomar decisiones, como decíamos ayer, y equivocarnos o no, pero experimentar por nosotros mismos. Si hacemos algo que nos explote en la cara podremos pasarlo muy mal, entristecer hasta la extenuación o incluso pensar en el suicidio como afición personal en los tiempos de ocio, pero seguro que lo que hayamos vivido con esa experiencia no nos lo podrá quitar nadie. Como un profesor de micología (ciencia que estudia los hongos) al que aprecio mucho dijo una vez, lo que va delante, va delante. Que en el refranero español, tan profundo, sabio y ancestral, vendría a ser aquello de “que nos quiten lo bailao”, lo cual puede ser todo lo útil o inútil que nosotros queramos según las circunstancias. En momentos de sufrimiento esto parece ayudarnos más bien de poco pero es cierto que los tiempos buenos pasados los hemos vivido nosotros, no fueron ficción peliculesca ni sueño de noche de verano, sino que son experiencias reales que nos han ocurrido a nosotros, no al vecino. Por esto yo creo que en momentos de tristeza y desesperanza es bueno recordar que hemos tenido vivencias increíbles, algunas que quizá pensábamos que no nos sobrevendrían nunca y sin embargo ahí están, en nuestro álbum de fotos, curioso.


Luego están tus amigos, tu familia y otras circunstancias que yo pondría en cajón de sastre. ¿Por qué estar apenado? ¡La vida es maravillosa, en serio!


Ayer estuve hablando con mi madre. Ella dice que sólo le dejo entrever los problemas que tengo, los que me afectan de verdad. A lo mejor es porque me es suficiente con eso para que me sirva de ayuda cuando la necesito y porque para profundizar en mis problemas ya tengo a mis amigos (que por las malas pasadas que nos hemos hecho en infinidad de ocasiones es justo y necesario que nos martiricemos mutuamente con estos rompecabezas de vez en cuando, esto refuerza amistades). Sumando cosas a esto, mi madre ya tiene bastantes problemas, seguro que más gordos que los míos y de lejos. Además, la confianza que tengo para ciertos temas con mis amigos supera a gran distancia a la que pueda tener con mi familia. Como dice ella, hay una persona a la cual contarle cada cosa. Bueno, volviendo al tema, que si no, me pierdo, ayer le conté unas cuantas cuestiones existenciales a mi madre, que es una persona muy comprensiva, abierta y con una experiencia enorme, además de tener ciertas luces de las que la población mundial en general carece, lamentablemente. En el fondo pienso que mi grupo de amigos y amigas son bastante maduros y que los consejos que me puedan dar comparten un fondo común con los que me pueda dar mi madre. Pero hay que reconocer que la veteranía es un grado. Si bien hay que reconocer que todos no tienen la misma suerte con sus padres, a los cuales no se les puede contar cierto tipo de cosas o si se selecciona esta opción los resultados pueden ser imprevisibles y posiblemente desastrosos. En esos casos es mejor buscar a otra persona. Mi padre, por ejemplo, no es muy capaz de tener este tipo de charlas profundas y tan emotivas pero lo compensa con una extraña habilidad suya de decir ciertas cosas muy puntuales tremendamente útiles para la vida cotidiana, así como su predisposición natural para llevar a cabo día a día una vida responsable, trabajadora y llena de buenos valores que transmite indirectamente por observación de sus actos. Algunas personas no son buenas oradoras pero son mejores que un libro. Con todo esto, lo que pretendo decir es que a veces es bueno convertir a nuestros padres en nuestros confesores y amigos íntimos, hasta el grado que consideremos más prudente.


Por ejemplo, en la charla de ayer le conté a mi madre ciertos problemas que me están devorando lentamente. Lo primero que me dijo es lo mismo que muchos amigos míos: “prioriza, céntrate en el problema más grande y agárralo por los cuernos”. Yo le puse entonces la metáfora de los leones, es muy buena: si tenemos tres leones que vienen directos hacia nosotros para comernos (situación fantástica a no ser que hagamos ecoturismo en Kenya por nuestra cuenta y riesgo) lo más lógico es priorizar, enfrentarte al más grande de los tres, al que viene más rápido o al que ya tiene tu cuello en su boca (éste sería el mayor de nuestros problemas, ¿no?), intentar utilizar algo a tu alrededor como arma o asustarlo si eres muy feo. Mientras haces esto, los otros dos leones están entretenidos sacándote los higadillos y haciéndose un chinchón con ellos. Algunos neurofisiólogos de mucho prestigio sostienen que el cerebro de las mujeres es multitarea, yo no soy quién para contradecir semejante afirmación, sólo hay que verlas conducir. Bromas aparte, yo no soy tan complicado. Creo que el cerebro masculino ha evolucionado para afrontar con el máximo rendimiento un solo problema grave, y éste es el mayor de los problemas graves, que cuando tenemos más de uno podemos solucionar sólo uno, los otros se nos comen. Si ya lo dice mi padre, otra gran frase: “acaba una cosa para empezar otra”. Entonces entré en detalles, le conté a mi madre ciertas cosas que no pensé que le pudiera contar antes. Esto también puede ser cosa del Lexatín, que me hace más sincero y abierto, más despreocupado, por lo que bajo mis defensas y cuento más cosas. Por cierto, Lexatín y otros ansiolíticos sólo bajo prescripción médica, que a nadie se le pase por la cabeza abrirse al mundo de esta peculiar forma, puede ser peligroso. Yo lo tomo para dormir, a todo esto, que últimamente es la única forma de bloquear a los leones. Y para poner en antecedentes de lo que les conté, que es muy largo, vamos a cambiar de párrafo y les explico un capítulo de mi corta vida.


En muy resumidas cuentas, quédense con lo siguiente: yo tuve una relación estable, hace tiempo, cuánto no importa. Para mí aquello fue sensacional, convivir un año entero con otra persona como si fuésemos uno, apoyándonos mutuamente y todo el etcétera de sensaciones y vivencias que se hacen indescriptibles con palabras de este mundo. Esa relación zozobró, los porqués ahora tampoco están en contexto. Poco después conocí a una persona especial. ¿Sabían que los dragones existieron y que algunos aún caminan entre nosotros? En otro momento les contaré alguna historia de dragones. Pues esta persona es una pequeña y sabia dragón de hielo y plata, uno de los pocos dragones que quedan. Lo curioso de estos dragones es que ni ellos mismos saben que lo son, irónico destino para tan titánicos seres. Cuando yo estaba bajo mínimos, incapaz de ayudar a nadie y menos a mí mismo, esta persona bajó hasta las sombras más densas y me rescató, sin pedir nada a cambio. Cogió mi cuerpo malherido y estuvo conmigo hasta que fui capaz de caminar. Entonces reaprendí a hablar, a confiar y a mostrar mis sentimientos ante gente con la que no tengo pactos de sangre. Me enseñó, aun sin saberlo, que yo era un dragón dormido, que mis metálicas escamas se estaban oxidando mientras mi magia se esfumaba por segundos. Y entonces desperté y la miré a la cara, pues hasta entonces no sabía cómo era mi salvadora. Pasaron los meses, aprendí cosas nuevas y recordé otras que creía olvidadas para siempre. El tiempo siguió pasando e hice un viaje fantástico a tierras lejanas donde hacía mucho que no estaba, desde mi niñez. Mis ojos vieron como los de un niño y recordé más cosas. Dejé mis pesares en casa, en mi tierra, y durante mi viaje, entre bosques, ríos, montañas y tormentas recobré mis fuerzas, y fue allí, en ese lugar de viejos niños, entre campos infinitos de trigo seco, en la abierta llanura a más de cuarenta grados y entre rayos y pozos de riego, justo detrás de una vieja iglesia, fue allí donde recuperé mi magia perdida. Fue como nacer de nuevo, más fuerte, más sabio y lleno de energía. En ese momento supe que era capaz de cualquier cosa, que la Luna podía bajar a mi mano si se lo pedía amablemente. Ese fue uno de los momentos más intensos de mi vida, aún puedo sentir la sensación de aquel día sobre mi piel, ver con los ojos de aquel día. Por aquel entonces hacía ya tiempo que el dragón blanco me atraía. Era como si nos conociéramos desde hacía eones, antes incluso de nacer algunas de las estrellas más antiguas. Y lo mejor es que todavía somos completos desconocidos en muchos sentidos. Me atraía como nunca antes nadie lo había conseguido, en todos los sentidos, sentimental, intelectual, físicamente… Si no recuerdan mal les dije que dejé mis pesares en casa. Al volver los encontré, más débiles pero aún estaban allí. Muchas veces he dicho que yo no puedo dejar de querer a alguien al que he querido. Esa frase me costó una promesa que ahora pienso no debería haber hecho. Prometí que si mi antigua pareja se replanteaba todo lo que ocurrió, yo seguiría ahí, esperando, puesto que mi corazón aún le pertenecía a ella. Lo malo de los dragones es que somos honrados y no jugamos nunca con dos barajas. Somos tontos. No lo digo porque debiéramos hacerlo sino porque a veces deberíamos romper una de ellas y jugar con la otra, no sé si se me entienden. La promesa en sí me costó mantener ciertas esperanzas de volver con la persona que amaba, porque yo estoy convencido de que la amaba, y mantener ciertas distancias con aquella otra a la que había encontrado tras tanto tiempo en el limbo. En cierto modo creo que no puedo dejar de amar a alguien que para mí ha significado algo, me haga lo que me haga, aunque haya decidido no hablarle en el resto de mi vida. La cuestión es que mi existencia sólo puede dedicarse a una persona, en el sentido que ya comprenden, por lo que en aquellos momentos no me pareció justo para nadie hacer lo que me hubiera gustado a mí hacer. Fue más injusto para mí que para nadie. También traté de no herir a ningún ser vivo en lo posible y de enfriar las cosas para ese otro reptil antediluviano al cual no quería ver sufrir. El desenlace fue que pasaron más meses y los dos dragones nos prometimos amistad eterna, especial pero creo que por debajo de lo que ambos queríamos. Por motivos académicos no pude seguir manteniendo el contacto con esta persona tanto como antes y, salvo por comunicados puntuales, muy intensos pero ocasionales, no manteníamos una comunicación fluida, esperando los dos que el otro hiciera vida por su cuenta. En cierto sentido fue así. Con el tiempo ella inició una relación que parecía prometedora, por lo que yo me alegré por la noticia, por ella, por saber que quizá había encontrado una persona especial. Yo, por mi parte, cumplí mi promesa y mi ex-pareja y yo volvimos a las andadas, dándonos una nueva oportunidad el uno al otro y, se supone, que olvidando el pasado (esa era la parte más difícil). Más meses se añadieron al calendario “y vio Dios que era bueno”. Llegó el verano y la distancia y las malas comunicaciones parece que estropearon algo que aparentemente era más sólido de lo que en realidad era. Para mí el amor es lo más importante, pienso que si eso existe, todos los problemas tienen solución. Parece ser que no todo el planeta piensa como yo. Parece ser que a algunas personas les pesan más los pequeños problemas que los buenos momentos de una relación y que, por los motivos que sean, no están dispuestas a perdonar u olvidar. O puede ser también que lo que yo veo que es amor, otra persona piense que no es algo tan intenso, digno de ese nombre o, simplemente, que para ellas ese sentimiento sea utópico y no pretendan esforzarse por alcanzarlo. En la variedad está el gusto, y para gustos, los colores. La conclusión de todo esto aún se está gestando por lo que no soy capaz, aún, de decirles cómo termina la peli. En estos momentos de desasosiego es cuando llega el mensaje de impacto. ¿Quién me iba a decir que mi teléfono móvil podría ser el responsable de un fallo neural masivo momentáneo en mi cerebro? Pues puede pasar. Es perfectamente posible, en el momento en el que te estás preguntando en qué sentido circula tu vida y que esperas recibir algo más de la persona que se supone te ama, recibir un mensaje de una persona a la que hace meses que no ves diciéndote que te ama y que no te puede olvidar, que ojalá estuviera contigo al otro lado del espejo o en el País de Nuncajamás. No les pido que se pongan en mi piel, con los pocos detalles que les he dado y lo confuso que esto es no creo que puedan ni quieran hacerlo, de hecho creo que ni yo quiero. Pero, como soy mayor de edad y libre, debo tomar decisiones y seguir cagándola en la vida.


Tarde o temprano esto se solucionará, de una forma u otra tomaré una decisión o alguien creerá tomarla por mí. El mundo será feliz y la magia seguirá ahí. Pase lo que pase no será lo peor ni lo mejor de mi vida. Si no hubiera hablado con mi madre no habría sabido esto. Lo malo es que creo que no estaba psicológicamente preparada para escuchar todo aquello por lo que ahora se preocupará más por mí e intentará absorber en parte mis problemas. Supongo que es lógico preocuparse por los hijos, de hecho a mí no me gustaría que nadie le hiciera daño a mis hijos, aunque sea inevitable. Todos tenemos el derecho, la obligación y el privilegio de equivocarnos, es la justicia cósmica, es lo que hay.


Ciertas tradiciones y religiones orientales, como pueda ser el caso más claro del budismo, adoctrinan a sus fieles en asumir el dolor y el sufrimiento como el camino a la iluminación ya que la vida es dolor y, el dolor, después de todo, no es malo. El dolor no existe, es todo un compendio de señales eléctricas, neurotransmisores y concentraciones desiguales de hormonas e iones a lo largo del cuerpo. Todo está en la mente. El dolor es tan real como la felicidad, que sólo la percibimos cuando carecemos de ella y cuando la poseemos no somos conscientes salvo en contadas ocasiones de euforia puntual. Si estos dos estados son tan reales o tan ilusorios como queramos verlos entonces el mundo es maravilloso como les contaba antes. Cuando comemos natillas y sacamos la cuchara llena del recipiente, en la superficie de tan fabuloso postre queda un hueco dejado por la porción que acabamos de sacar. Al poco, cuestión de milisegundos, ese espacio vacío se rellena con el material dulce que había en su periferia, ocupando el hueco dejado. La cucharada ya nos la hemos comido, la hemos saboreado y disfrutado y nos aportará energía en un futuro; el hueco se ha rellenado, por lo que la superficie de las natillas vuelve a ser uniforme y aparentemente completa. Si no entienden la metáfora se lo explicaré claramente: hay muchas cosas dulces en la vida, si la cuchara se ha quedado vacía no hay motivo para dejarla anclada en el hueco, retírela y deje que las otras cosas buenas que hay a su alrededor ocupen ese vacío. Un abrazo de un amigo no es lo mismo que uno de tu novia, ni un beso de tu hermana ni una charla con tu padre  ni un paseo con tu perro Skippy por el campo de casa de Heidy, pero son cosas buenas, cosas que pueden llenar ese hueco que ha dejado. El nivel general del recipiente de las natillas baja un poco, eso es inevitable, pero siempre podrá hacer más natillas en otro momento. Conclusión: levantémosle un monumento a quien inventó las natillas, que están muy buenas, ¡leches! Si los hombres no nos comiéramos tanto la cabeza…


Sobre lo de los tres leones de antes creo que sólo les he contado algo breve de dos de ellos. El tercero es en el plano académico. En este momento una de las prioridades es aprobar dos asignaturas cruciales en mi carrera, con lo que estudiar y centrarme en lo que toca ahora es un poco complicado teniendo en cuenta todo lo que ya saben (a no ser que yo fuese una persona anemocional o un robot). Los problemas siempre vienen en los peores momentos, es ley de vida, pero insisto, el mundo es maravilloso, hay infinidad de cosas buenas, algunas que nunca nos hemos planteado, otras tan evidentes como la literatura, la poesía, la música o el teatro. Salga a la calle, mire a su alrededor, ¿de verdad piensa que no se puede encontrar nada bueno en la vida? El mundo es una natilla gigante, ¡cómasela ya, por amor de Zeus!


En ocasiones, lo justo es hacer lo justo para los demás y para uno mismo. En el momento en el que llegamos al desenlace de un capítulo y acabamos el libro hay que cerrar página y pensar en otros horizontes. Debemos tomarnos cierto tiempo para no hacer las cosas a la desesperada, para no herir a nadie por un capricho, pero debemos tomar decisiones y no eternizarnos en la duda. Desde hace cuatro párrafos hasta el actual ya han pasado varios días por lo que ya podría explicarles el desenlace, que a muchos les parecería trágico, a mí: una liberación. Cuando el amor es unidireccional lo llamamos platónico, inalcanzable al final. De poco sirve amar a una persona que no siente lo mismo por ti, es mejor cerrar capítulo, como ya dije anteriormente. Soy un romántico empedernido, me encanta el cine, soy de los que esperan antes de subir al tren por si alguien viene corriendo a despedirse, por si la persona amada aparece de entre las brumas. Las cosas deberían salir más veces como en las películas y no ser tan crueles, tan reales. Creo que lo peor del mundo es ser demasiado real, a veces debería buscar un punto de equilibrio con los dibujos o las películas de amor. Lo importante es salir de un sitio con la conciencia limpia por saber que has hecho todo lo posible por que las cosas salgan bien, que no ha habido lugar a duda de que has sido sincero, fiel, justo, de que siempre has dado una oportunidad y un voto de confianza. Cuando has hecho esto y las cosas no salen bien no ha sido culpa tuya. Si ya no queda amor, no queda nada, lágrimas quizás, pero pocas, ya he derramado ríos por ciertas personas, sólo me quedan pocillos escondidos, no puedo llorarlas más y tampoco lo merecen. No podemos vivir siempre con una ilusión, es mejor ver las cosas como son y, si una persona no te quiere, o no te quiere lo suficiente, lo mejor es no hacerse daño, alejarse del fuego que te quema por dentro y darte tiempo para pensar, para no tomar decisiones a la desesperada, por tu bien y el de los demás. Fue bonito mientras duró, crecí con la experiencia, con las cosas nuevas, viví momentos intensos y me hice fuerte con el dolor. Ahora toca cerrar el libro y empezar uno nuevo, fin de capítulo. ¿Leemos un prólogo? No, mejor lo escribimos nosotros, a ver qué pasa.

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