Dos amigos, juventud, ignorancia y divinos tesoros... estos sencillos ingredientes se funden a fuego lento en un modesto ensayo literario a dos bandas a modo de palas de cal y de arena (o de sal y azúcar, siguiendo la analogía culinaria). Relatos de una Noche de Invierno es una recopilación de vivencias desde un punto de vista único, que son dos, al más puro estilo improvisación. Quizá no encuentre verdades fundamentales en estas líneas, o quizá encuentre la senda del unicornio, quizá simplemente se entretenga leyendo un rato, pero, seguramente, y sólo quizá, se dé cuenta usted que en el fondo de nuestro saco de piel, todos somos un poquito iguales y todos tenemos ciertas necesidades, entre ellas la de hacernos preguntas. Sólo entonces comprenderá que son estas preguntas las que nos acompañan cuales maletas, viejas o nuevas, a lo largo del gran viaje que es nuestra vida. Algunas se llenarán con respuestas y conocimiento, aterrador y hermoso, otras se irán vaciando a medida que dejamos de saber o nos desprendemos de bultos. Mas lo importante, al final del camino, es haber usado tantas maletas como nos haya sido posible, porque es lo único que acreditará en nuestra aduana que hemos hecho el viaje de nuestras vidas.

Pasen y vean, la cocina está lista y el horno a punto...


19.-Gracias


GRACIAS



Justo en el momento que ya empezabas a no creer en nada, es ese momento que creías que el amor no existía, en el que estabas a punto de cerrar tu corazón, aparece una persona especial que te hace experimentar sentimientos que creías que no pertenecían a esta vida. Me ha abierto los ojos, me ha abierto el corazón que tenía casi cerrado, me ha hecho sentir cosas que nunca pensé que me pasaran a mí. He tenido la maravillosa oportunidad de pasar un fin de semana entero con ella y de disfrutar cada momento con intensidad, con alegría, compartiendo todo lo que hay dentro de mí, y por eso, quiero darle las gracias en este capítulo. Quiero expresarle una vez más lo que siento por ella, quiero decirle que la quiero.

      Gracias. Gracias por todos esos momentos, que aun pequeños algunos, hemos podido compartir. Me he sentido muy bien contigo. Gracias por aquel abrazo en la estación, fue la mejor recompensa que tuve después de un viaje un poco pesado. Aunque estaba lloviendo, pude ver el sol en tus ojos brillar, brillaban de felicidad y entonces, mi sonrisa nació de la nada, para no dejar de sonreír hasta el último momento.

      Gracias por las risas que nos echamos de camino a tu casa, andando, sin saber por dónde iba. Aunque perdido en aquella ciudad, sabía que estando contigo no me iba a perder. Te seguiría allí donde fueras para poder estar contigo.

      Gracias por aquellos besos improvisados de camino a casa, en aquellas calles desconocidas y frías para mí. Era el calor que me movía.

     Gracias por aquel primer beso en el ascensor, más tierno, más cariñoso, en el que nos decíamos sin palabras: “te he echado tanto de menos, pero estoy feliz, ahora estás aquí conmigo”. Me has enseñado que a veces las palabras sobran, y que se pueden expresar muchas cosas con un beso.

      Gracias por la mirada de complicidad cuando estaba en tu casa. No me dejaste sólo en ningún momento y me hiciste sentir muy cómodo.

      Gracias por aquellas caricias en el coche. Por fin estábamos juntos y no desaprovechamos ningún momento. El suave tacto de tu piel me decía que aquello no era un sueño, y que estabas ahí, a mi lado.

      Gracias por los momentos que pasamos por la noche, aun en la reunión tan aburrida en la que estábamos, estar sentado junto a ti me hizo desconectar totalmente de lo que estaban diciendo, me sentía tranquilo y bien. Lo único que hacía era mirarte y abrir más los ojos para saber que no eras una ilusión.

      Gracias por enseñarme la exposición. Fue muy bonito compartir lo que más te gusta, tu carrera contigo en un sitio tan grande. Estabas contenta, íbamos de un lado para otro buscando lo que más nos gustaba, hablando, riéndonos, compartiendo sueños e ilusiones para el futuro.

      Gracias por enseñarme Valencia, por mostrarme todos los caminos, por enseñarme a situarme, me hiciste sentir como en mi casa, me hiciste sentir como si no fuera un extraño.

      Gracias por mi primera clase de introducción al italiano, fue muy especial que me enseñaras lo que estudias y me animaras a estudiar a mí también un idioma que me gusta. Me sentí muy lleno con aquellos momentos, aprendiendo contigo, fue un momento muy especial.

      Gracias por la confianza y seguridad que me transmites.

      Gracias por abrazarte a mí cuando hacía frío y pedirme que te diera calor, por sentirte cerca, gracias por tu cariño.

      Gracias por poder compartir un día con tu grupo en aquella convivencia, siendo monitores de un grupo, juntos, los dos.

      Gracias por los momentos del césped con tanta tranquilidad que vivimos, donde noté que me dabas todo el amor que tenías dentro, y aprovechábamos los últimos segundos juntos.

      Gracias por todos aquellos momentos que tan sólo tú y yo sabemos que ocurrieron, tan sólo tú y yo sabemos lo que realmente sentimos, gracias por esos instantes que sólo son tuyos y míos y que guardaré siempre en mi memoria.

      Gracias por las risas en la convivencia en aquella dinámica que salió tan bien, disfruté muchísimo viendo cómo te reías.

      Gracias por el paseo tranquilo que dimos cuando teníamos unos momentos de descanso en la convivencia. Abrazos, besos, estábamos los dos, en aquel sitio tan bonito disfrutando juntos.

      Gracias por acompañarme hasta el final del viaje, abrazados, donde no dejaste de compartir conmigo todo lo que sientes.

      Gracias por el gesto de despedida, porque aun habiéndonos despedido, volviste corriendo para que te diera un beso más.

     ... de espaldas, ella volvía por el camino que habíamos andado, sin dejar de mirarla, ella se volvió y me un hizo un gesto de despedida con la mano. Mientras se lo devolvía, ella desapareció detrás de unos árboles que estaban en el camino. Sin dejar de volver la vista hacia otro sitio, mis ojos se quedaron fijos en el infinito y dos pequeñas lágrimas resbalaron por mi cara hasta caer al suelo...

Gracias por todo lo que hemos compartido, y gracias por hacerme ver, que aunque mis ojos estén llenos de lágrimas puedo llegar a escribirte algo tan bonito como son estas palabras”.

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